martes, 30 de septiembre de 2008

Nueva vida

Pablo tenía 17 años. Vivía solo con sus padres, ya que era hijo único. No era un año como cualquier otro para él. Recién se habían mudado de Bariloche hacia Capital Federal, por el trabajo de su padre. Tenía que acostumbrarse a una nueva vida en una ciudad mucho más ruidosa y menos tranquila. También había otros cambios en su vida, como el grave estado de salud de un pariente muy cercano, su abuela.
A principios de Marzo, cuando Pablo empezó su primer año de secundaria en la nueva ciudad, sintió una sensación muy fea. Se encontraba rodeado de gente, amigos y un ambiente nuevo, con los cuales no se sentía involucrado ni conforme. Además de esto, los nuevos compañeros lo discriminaban por su grave problema auditivo, lo que era una gran vergüenza para él. Y como si esto fuera poco, su abuela lo deprimía más, ya que sus días estaban contados y no podía imaginarse la vida sin ella.
Un día, en una clase de filosofía, Pablo se dio cuenta que las cosas podían cambiar. La expresión mediante señas ya se le había hecho costumbre ya que no quería ser oído ni molestado por sus propios compañeros Se le ocurrió que así podía llamar la atención de alguien muy importante para el, Eugenia. Esta chica era lo único por lo que seguía en ese colegio y con esa gente. Se empezaron a hablar mediante señas y día tras día su relación fue creciendo.
Un oscuro y lluvioso día, mientras Pablo estaba en el colegio, la peor noticia llegó a sus oídos. Su abuela había fallecido. Días difíciles le esperaban a Pablo ya sin su amada abuela. Sin embargo, al ver el sufrimiento y la tristeza del pobre chico, sus compañeros se empezaron a dar cuenta del difícil momento que estaba viviendo. Este hecho los hizo darse cuenta que Pablo no era una persona diferente, que tenía sus defectos como también sus virtudes y que se habían equivocado al prejuzgarlo.
Finalmente, al llegar el final del año y de la mano el viaje de egresados, Pablo decidió viajar con sus nuevos amigos y, obviamente, con Eugenia, su novia.
Recordó por el resto de su vida aquel día tan importante, que cambió enormemente su vida. Fue el día en el que falleció su tan querida abuela, pero también el día en el que sus actuales amigos lo aceptaron y se dieron cuenta que habían cometido un error.
Ahora Pablo se siente orgulloso por no haber bajado los brazos nunca y haberse quedado en el colegio. Está feliz sintiendo que su abuela lo está mirando y que lo debe admirar. Él siempre la va a recordar como lo mejor..

lunes, 29 de septiembre de 2008

Mi historia...

Todo comenzó un noviembre caluroso cuando cursábamos 7mo grado. En esos tiempos, estábamos entusiasmados por el viaje de egresados con todos nuestros amigos, a pasar 7 días fuera de casa y sin padres. Al mismo tiempo, nos presentaban a amigos de amigos de nuestros amigos.
Renata, una amiga mía desde que tengo 10 años, una persona increíble que lo único que le importaba era comer y dormir (le sigue importando exactamente lo mismo); tenía una amiga llamada Cata que se conocen desde que son muy chiquitas porque los padres de cada una son íntimos amigos. El 4 de noviembre, Cata le propone a Tata de salir juntas al Village Recoleta con unos amigos. Tata nunca pensó que esa noche iba a conocer al amor de su adolescencia.
Los días pasaron y mi amiga se iba enganchando cada vez más con este chico llamado Guido. Me decía a mí de salir con ella para apoyarla pero nunca podía. Ella, como toda mejor amiga, sabe el estereotipo de chico que me gusta: alto, castaño claro, ojos verdes y sin músculos. Luego de esperar con tantas ansias el verano, que por fin llegó.
Todos los eneros se llena Pinamar con chicos de 13 a 20 años. Era un 16 de enero cuando estábamos en los jueguitos Pac Man con las chicas. De repente, a Tata le llega un mensaje de su amor Guido que decía: “estoy en pina con Augustito, vos en dnd tas?” (la moda de los mensaje de texto es escribir abreviado). Luego de que termine de leer el mensaje, tenía una cara de feliz cumpleaños que nadie entendía. Le insistía para que me cuente que había pasado pero no me quiso decir hasta que llegó el momento. Yo no entendía nada, por lo tanto no tenía idea de que iba a pasar. Sabía que iba a conocer a Guido. Nunca había visto a mi amiga tan nerviosa como ese día, y en un momento me dice:
-Jose, ¡Vení que te quiero presentar a Chocho (apodo por el cual le decimos a Guido) y a Augustito que es el chico que yo te vengo hablando desde noviembre para vos!-
Yo no sabía dónde meterme, estaba muy nerviosa.
Luego de unos minutos, nos presentamos y nos quedamos hablando hasta el amanecer. Fue un momento muy agradable porque la verdad, me había gustado y mucho Augusto. Nos empezamos a ver todos los días en las vacaciones y cada vez me gustaba más, pero no me hacía muchas ilusiones porque era el típico chico mujeriego que no puede tener una novia en serio.
El verano terminó pero la relación no. Seguíamos hablando y cuando podíamos salíamos con ellos. Me encantaba estar con él. Me hacía reír con sus chistes que aunque sean malos, me reía. Me gustaba su forma de ser, aunque tenga desventajas, hay que ver también el lado positivo porque nadie es perfecto.
Llegó mi cumpleaños, mis queridos 14 años. Como yo seguía enganchada con Augustito, les dije de salir a la noche a los amigos de él y a Tata. Fuimos a comer afuera y al cine. Con tal de estar con él, no importaba el lugar.
La verdad, que la pase increíble en mi día porque estaba con mi mejor amiga y el chico que me gustaba.
Después nos dejamos de hablar porque como él es más grande que nosotras, tenía diferentes salidas y no nos podíamos ver muy seguido. Pero hasta que llegó navidad…
Fuimos a pasar la noche a lo de Tata con todas nuestras amigas y los amigos de Guido, inclusive Augusto. La pasamos bárbaro porque nos hicimos muy amigas de los chicos, jugamos, escuchamos música y bailamos. Pero en un momento…
- Jose me acompañas abajo un segundo? Te quiero dar algo…- me dijo Augustito un poco tímido.
Yo me quedé tildada porque no me esperaba que me diga eso. Después de 10 segundos le contesté que sí.
Me llevó de la mano con los ojos cerrados al cuarto de Tata. No tenía idea de lo que iba a suceder…
- Abrí los ojos- me dice.
Y había una bolsa con un cartel para mí. Era el regalo de navidad que me había echo.
Nunca imaginé que iba a estar así de tierno (por como era su personalidad)
Cuando terminó la noche, los chicos se fueron y nosotras nos quedamos a dormir. Hable toda la noche de él.
- Me encanta chicas, es muy lindo además es un tierno miren lo que me regaló. Es perfecto para mí- decía con una sonrisa de oreja a oreja.
De nuevo, llegó el verano. Nos volvimos a ver. Pero este enero fue diferente porque me habían llegado comentarios de que estuvo con muchas chicas más y eso la verdad que no me gustó, porque me había demostrado que me quería. Así que, era como verlo y morirme por dentro con las ganas que tenía de estar con él. Volvimos a estar juntos ese verano, recordando lo que había pasado un año atrás. Pero lamentablemente terminó el verano, y esta vez, terminó la relación.
Llegaron mis 15 años, la fiesta y todos los invitados. Como de costumbre, cuando lo veía online en el msn, moría por hablarle y preguntarle como estaba, que estaba haciendo. Hasta que le hablé para invitarlo a mi fiesta con 3 amigos más.
Fue una noche increíble porque era mí noche, con toda la gente que quería. Después de una larga noche, divertida, bailando sin parar, sacándome fotos, Augusto viene y me da una pulserita para que la use siempre y me acuerde de él. Se me caía la baba!!
Al día siguiente, me entero que les dijo a las chicas que quería estar de nuevo conmigo. Yo no les creía porque el siempre le gustó estar con miles en una noche. Pero me empezó a hablar de nuevo. Hasta que se acercó el 15 de octubre, la fiesta de egresados de mi hermano. Me pidió entradas para poder ir; por lo tanto, nos encontramos en un lugar cercano para los dos para que se las pueda dar. Ese día fue especial porque hablamos de un montón de cosas que antes no pudimos hablar.
Pasaron los días hasta que llego de nuevo, enero. El tan esperado enero que siempre nos encontramos. Pero esta vez, fue en serio. Como todo dicho: “la tercera es la vencida”. Nos pusimos de novios el 18 de enero. Fue mágico. Estábamos en la playa escuchando el ruido del mar, contándonos cosas. Y en uno de esos momentos, escuché la tan esperada pregunta:
- ¿Querés ser mi novia Jose?-
Y acá estamos. Ya pasaron 8 meses de que estamos juntos. Más enamorados que el primero…