Pablo tenía 17 años. Vivía solo con sus padres, ya que era hijo único. No era un año como cualquier otro para él. Recién se habían mudado de Bariloche hacia Capital Federal, por el trabajo de su padre. Tenía que acostumbrarse a una nueva vida en una ciudad mucho más ruidosa y menos tranquila. También había otros cambios en su vida, como el grave estado de salud de un pariente muy cercano, su abuela.
A principios de Marzo, cuando Pablo empezó su primer año de secundaria en la nueva ciudad, sintió una sensación muy fea. Se encontraba rodeado de gente, amigos y un ambiente nuevo, con los cuales no se sentía involucrado ni conforme. Además de esto, los nuevos compañeros lo discriminaban por su grave problema auditivo, lo que era una gran vergüenza para él. Y como si esto fuera poco, su abuela lo deprimía más, ya que sus días estaban contados y no podía imaginarse la vida sin ella.
Un día, en una clase de filosofía, Pablo se dio cuenta que las cosas podían cambiar. La expresión mediante señas ya se le había hecho costumbre ya que no quería ser oído ni molestado por sus propios compañeros Se le ocurrió que así podía llamar la atención de alguien muy importante para el, Eugenia. Esta chica era lo único por lo que seguía en ese colegio y con esa gente. Se empezaron a hablar mediante señas y día tras día su relación fue creciendo.
Un oscuro y lluvioso día, mientras Pablo estaba en el colegio, la peor noticia llegó a sus oídos. Su abuela había fallecido. Días difíciles le esperaban a Pablo ya sin su amada abuela. Sin embargo, al ver el sufrimiento y la tristeza del pobre chico, sus compañeros se empezaron a dar cuenta del difícil momento que estaba viviendo. Este hecho los hizo darse cuenta que Pablo no era una persona diferente, que tenía sus defectos como también sus virtudes y que se habían equivocado al prejuzgarlo.
Finalmente, al llegar el final del año y de la mano el viaje de egresados, Pablo decidió viajar con sus nuevos amigos y, obviamente, con Eugenia, su novia.
Recordó por el resto de su vida aquel día tan importante, que cambió enormemente su vida. Fue el día en el que falleció su tan querida abuela, pero también el día en el que sus actuales amigos lo aceptaron y se dieron cuenta que habían cometido un error.
Ahora Pablo se siente orgulloso por no haber bajado los brazos nunca y haberse quedado en el colegio. Está feliz sintiendo que su abuela lo está mirando y que lo debe admirar. Él siempre la va a recordar como lo mejor..
martes, 30 de septiembre de 2008
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